lunes, 23 de agosto de 2010

FERNANDO LUGO, LA CRUZADA DEL MORIBUNDO

Cuenta la historia que tras el triunfo de los cruzados en Jerusalén, se desató en la ciudad una gran matanza. A los sarracenos los torturaron durante días, los obligaron a saltar de las torres, los utilizaban para practicar tiro al blanco con sus ballestas o los decapitaban de puro placer. A los judíos que se refugiaron en la sinagoga los quemaron vivos.
“Y en el templo de Salomón –escribió el cronista Raymond de Aguilers- la sangre les llegaba a los caballos hasta las bridas, justo y maravilloso castigo de Dios a los infieles”.

Dos semanas antes de estos dichosos acontecimientos, murió el Papa Urbano, que se privó del placer de saber sobre la carnicería que sus fieles perpetraron en la ciudad sagrada, para mayor gloria de su culto religioso y a instancias de su prédica.

Otro que al parecer morirá antes de ver concluida su cruzada contra el terrorismo es el antipapa Fernando Lugo, actual presidente del Paraguay, que acatando las órdenes de la derecha ha desatado una verdadera caza de brujas contra sus antiguos aliados de la izquierda marxista en el interior del país. Así como Inocencio IV autorizó la tortura y las cámaras de la inquisición se convirtieron en las mazmorras del infierno, el antipapa paraguayo ha implantado la ejecución extrajudicial para los herejes, imitando a sus aliados de la ultraderecha colombiana.

A pesar de tanto entusiasmo, todo indica que Lugo no podrá llevar a buen puerto su cruzada antiterrorista, considerando el maligno linfoma que lo aqueja y que contrajo en sus “giras pastorales” por San Pedro, cuando visitaba a las menores indigentes para revolcarse con ellas, aspirando de paso las sustancias carcinogénicas con las cuales se fumigan los cultivos de transgénicos por esos bucólicos parajes de las campiñas.

EPP GOLPEA EN LA CAPITAL
En tanto el Antipapa pagano lucha por su vida contra el cáncer, la guerrilla izquierdista del EPP, no contenta con ridiculizar el falso izquierdismo del gobierno luguista, también ridiculiza a los organismos de seguridad del ministro Rafael Filizzola actuando en plena capital.

Un audaz golpe habría sido perpetrado en la misma capital por un comando del EPP, según se informó en el día de ayer. Los soldados Esteban Rafael Figari y Derlis Marecos declararon ante el juzgado militar que seis hombres encapuchados con pasamontañas dijeron ser del EPP, al momento del supuesto robo de los fusiles M-16, en el polideportivo de la ex Caballería de las Fuerzas Armadas, a pocos minutos del centro de Asunción.

Los conscriptos participaron de una audiencia indagatoria ante el fiscal militar Gumercindo Oviedo y el juez de la Justicia Militar, Andrés Nemesio Garay Mianikoff. Otros efectivos militares comparecerán en el juzgado castrense para testificar en el marco de la investigación por el asalto con fines de robar fusiles M-16.

OBISPO DE LOS POBRES, EL PRIMER EXPLOTADOR
Uno de los voceros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), el mismo día que se asaltaba el puesto militar, salió al aire en una emisora de la capital y atribuyó el asesinato del informante campesino Florencio Núñez a su grupo insurgente. El vocero afirmó estar llamando desde algún lugar de las selvas paraguayas.

El portavoz del EPP, Máximo Brizuela, alegó que Núñez fue muerto a tiros por ser “pyrague” (informante) de la Policía Nacional, tal como señalaron la semana pasada fuentes cercanas a organismos de seguridad del Estado, pero que el ministro del Interior Rafael Filizzola desmintió públicamente, así como se intenta desmentir el robo de los fusiles.

Según el portavoz, “el comando Nº. 6 Gral. José Eduvigis Díaz del EPP ha ajusticiado al pyrague, informante de la Policía, Florencio Núñez del asentamiento Nueva Fortuna, departamento de Concepción, en fecha 10 de agosto del año en curso”. Añadió que “esta acción es una advertencia de que no quedará impune, todas aquellas personas que siguen cometiendo esta falta, engañados o interesados por el sucio dinero ofrecido por los tiranos del poder para atentar contra su propia clase”.

El vocero también adjudicó a su grupo la muerte de los dos suboficiales policiales Lidio Cardozo y Carlos Giménez, del mes pasado. “En otra acción, de fecha de 16 de junio, la columna número 7, Mcal. López ha repelido un ataque enemigo, en el lugar denominado Kurusu de Hierro de Concepción, produciendo dos bajas a la fuerza represiva y recuperando armas de guerra muy valiosas para nuestra lucha guerrillera, y sin ningún herido en nuestras filas”, indicó.

Paralelamente, instó “a la unidad para intensificar nuestras acciones contra los ricos y explotadores de turno encabezados por Fernando Lugo", a quien curiosamente sus partidarios presentaban como “el obispo de los pobres”.
Mientras el comunicado era difundido por los medios, el pánico cundió en las filas oficialistas debido a la noticia de una explosión en el principal edificio del ministerio de Hacienda. La dependencia ardió por causas desconocidas luego de una explosión, y los funcionarios entraron en pánico aunque todos pudieron ser evacuados. Posteriormente las fuentes oficiosas emitieron uno de sus “tranquilizadores” partes afirmando tener todo bajo control.

DIOS RECONOCERÁ A LOS SUYOS
Lo cierto y concreto es que para la pornocracia que impera en Paraguay, bajo la batuta del libertino cruzado de la mitra abandonada, no hay distingos entre herejes o católicos ni entre izquierdistas o derechistas, tanto que la situación recuerda los desmanes de la cruzada contra los albigenses.

Se cuenta que cuando a mediados de 1209 y al mando de un ejército mercenario, el legado papal Arnoldo Amalrico puso sitio a Beziers, baluarte de los albigenses occitanos, con la exigencia de que le entregaran a doscientos de los más conocidos de esos herejes que allí se refugiaban, a cambio de perdonar la ciudad. Los habitantes de la misma decidieron resistir y no entregar a sus protegidos.

Ante la pregunta de cómo distinguir a ortodoxos de albigenses, Amalrico ordenó: “Matenlos a todos que ya después el señor reconocerá a los suyos”.
Y así, sin distingos, herejes y católicos por igual iban cayendo todos degollados, tanto como inocentes y pecadores son hoy ejecutados extrajudicialmente y sin discriminación en Colombia y Paraguay, bajo la atenta mirada del imperio.

Entre los restos yacentes en las fosas comunes, tal vez, algún día Dios reconozca a los suyos.

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